La historia de la Tierra

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Descripción


La Tierra es un planeta único, una inmensa esfera de roca con 40.000 kilómetros de circunferencia. La tercera parte de la superficie es tierra firme y las otras dos es agua. Con una atmósfera rica en oxígeno, es el único lugar que alberga vida en el universo hasta ahora conocido. Pero este lugar verde y azul no siempre ha sido tan acogedor. El planeta presenta las cicatrices de un pasado traumático, con entornos extremos y grandes catástrofes. En el transcurso de sus 4.500 millones de años ha tenido enormes transformaciones, de manera que las formas de vida que ahora habitan su superficie son las afortunadas supervivientes de una serie de extinciones masivas.

Hace 4.500 millones de años.

En la actualidad se cree que la Tierra se originó por la colisión de innumerables meteoritos que crearon el Sistema Solar. Al principio, la temperatura era tan elevada que la superficie del planeta era un océano de roca fundida con varios kilómetros de profundidad. Su temperatura superaba los 4.000 grados centígrados, similar a la que hay en la superficie del Sol. Enormes meteoritos la alcanzaban en un bombardeo incesante. Pero incluso entonces la Tierra ya se estaba enfriando; la radiactividad que causaba buena parte del calor disminuía lentamente, preparando el camino para el primer cambio radical del planeta, su transformación en un mundo acuático.

Hace 4.400 millones de años.

La Tierra tenía 100 millones de años. Se cree que el agua apareció entonces. Los meteoritos seguían impactando en el planeta, pero el enfriamiento gradual del núcleo había hecho que la mayor parte de la superficie se solidificase, creando una corteza de oscura roca volcánica. Incluso en estas condiciones, el agua ya se formaba en la superficie. Pero el origen de la mayor parte del agua del planeta sigue siendo un misterio; conforme el planeta se iba enfriando, las rocas de la superficie desprendían toneladas de dióxido de carbono. Este proceso habría desprendido algo de vapor de agua, pero no el suficiente para cubrir la superficie. La idea más aceptada es que la mayor parte del agua es de origen extraterrestre. El agua de los mares habría llegado de asteroides y cometas con un alto contenido de este elemento, que fue empapando la Tierra durante su proceso de creación.

En todo caso, cualquiera que sea el origen del agua, cuando llegó transformó el planeta por completo. Al evaporarse de la superficie, el vapor de agua ascendió en cantidades inmensas y se unió al dióxido de carbono en la atmósfera primigenia, formando nubes espesas que lo cubrieron todo. Esta condensación desencadenaría el mayor diluvio que ha sufrido la Tierra. Las tormentas azotaban los cielos y la lluvia comenzó a caer sobre la superficie rocosa. Y siguió lloviendo durante millones y millones de años. El resultado fue un mundo acuático.

Hace 4.000 millones de años.

La Tierra tenía 500 millones de años. Más del 90 por ciento de su superficie se había convertido en un inmenso océano, en donde pequeñas islas volcánicas asomaban entre las olas. Estos mares gigantescos eran ricos en hierro, lo que les proporcionaba un característico color verde. El dióxido de carbono abundaba tanto en el cielo que parecía de color rojo. La densa atmósfera producía una presión suficiente para que pudiera haber aplastado un cuerpo humano. El calor era abrasador, con temperaturas superiores a los 93 grados centígrados. Este mundo acuático, tóxico e inhabitable duraría otros 600 millones de años, pero ya entonces se iniciaba una transformación crucial. La actividad volcánica resurgió para desencadenar la creación de los continentes a partir de la aparición de un nuevo tipo de roca. La Tierra estaba a punto de convertirse en un planeta de granito.

Hace 3.400 millones de años.

La Tierra tenía 1.100 millones de años. El inmenso océano verde lo cubría casi todo. Ninguna de las islas volcánicas que asomaban sobre la superficie sobrevivió mucho tiempo al embate de los mares. Pero todo estaba a punto de cambiar, ya que el aumento de la actividad volcánica submarina creó una roca que daría lugar a los continentes. Los fenómenos volcánicos habían fracturado la corteza de la Tierra bajo los mares, permitiendo que el agua entrase en las grietas de la lava fundida. Esta mezcla de agua muy caliente y lava basáltica dio lugar a la nueva roca, el granito, que ascendió desde las profundidades para formar la primera corteza continental. El granito comenzó a aparecer por muchas partes del globo, en los indicios de lo que serían los primeros continentes. La corteza de granito era ligera y resistente, lo bastante como para soportar la fuerza erosiva de los mares.

Durante los siguientes 2.000 millones de años, los protocontinentes de granito crecieron a un ritmo lento pero constante. En diferentes lugares del globo, la corteza granítica parecía poder formar algún día el corazón de grandes masas de tierra. La lenta expansión de los protocontinentes de granito no sólo cambiaría la apariencia del planeta; las costas poco profundas, bañadas por el Sol, se llenarían de vida y ayudarían a desencadenar la producción de oxígeno. Se cree que la vida primitiva unicelular se remonta casi al origen de los primeros océanos, hace unos 3.500 millones de años, a mucha profundidad bajo las olas y viviendo del calor producido por las fisuras volcánicas submarinas. Pero ahora la vida estaba evolucionando y subiendo a la superficie marítima. En la costa continental iban a aparecer unos organismos que transformarían el planeta, los estromatolitos. Estos son los verdaderos antepasados de todos los seres vivos de la Tierra. El estromatolito era un alga marina que con el proceso de la fotosíntesis se nutría de la luz solar y desprendía oxígeno a la atmósfera. Este organismo esencial todavía puede encontrarse en algunos pocos lugares del planeta.

Hace 2.500 millones de años.

La Tierra tenía 2.000 millones de años. Los estromatolitos crecían por todo el planeta, y conforme ocupaban las aguas superficiales, comenzaban a llenar la atmósfera de oxígeno. La Tierra es el único planeta del Sistema Solar con una atmósfera que contiene gran cantidad de oxígeno y se cree que este oxigeno procede únicamente por la acción de los estromatolitos. Durante 2.000 millones de años, desde hace 3.500 millones de años hasta hace 1.500 millones de años, incontables generaciones de estromatolitos produjeron más de 20.000 billones de toneladas de oxigeno; en un principio el gas se disolvía en los mares, donde oxidó miles de millones de toneladas de hierro. Pero con el tiempo, colmaría también la atmósfera y transformaría el planeta. El aspecto del planeta cambió por completo. Cuando el hierro desapareció de los mares, éstos pasaron del color verde al color azul. Cuando el oxígeno llegó a la atmósfera, diluyó los restos de dióxido de carbono y limpió el aire. Después de estos millones de años de oxigenación, el planeta se volvió azul: el océano y el cielo de la Tierra ya eran azules.

Todavía hoy podemos encontrar indicios de este periodo de transformación, en las inmensas capas de sedimentos ricos en hierro procedente de los fondos de los antiguos mares. Son las llamadas “formaciones de hierro en bandas”, que se encuentran por todo el planeta. De ellas procede la mayor parte del hierro que se extrae en la actualidad. Tras su oxigenación, la Tierra se parecía más a como es actualmente, pero antes de convertirse en el planeta que conocemos, sufriría un nuevo ciclo de cataclismos. En los siguientes 1.000 millones de años los movimientos sísmicos desgarrarían la corteza. La vida, aún incipiente, afrontaría su mayor desafío hasta entonces.

Hace 1.500 millones de años.

La Tierra tenía 3.000 millones de años. Por primera vez en su historia, comenzaba a parecerse al planeta que conocemos. Los continentes habían crecido hasta cubrir casi la cuarta parte de la superficie. Pero su expansión continuaba y bajo los mares se desataban fuerzas que cambiarían su posición. De manera imperceptible los continentes se movían.

Las enormes masas de tierra acabaron reuniéndose en un supercontinente denominado Rodinia. No era como ninguno de los contienes actuales, sino un lugar desolado y sin vida. Pero Rodinia tendría un efecto crucial en el futuro de los mares. En las aguas oxigenadas crecían formas de vida primitivas junto a los estromatolitos y el gigantesco continente estaba a punto de producir en los mares un tremendo impacto, desencadenando lo que hoy llamamos “la glaciación global“, la mayor helada que el mundo jamás ha tenido.

Hace 700 millones de años.

La Tierra tenía 3.800 millones de años. La posición de Rodinia bloqueaba las corrientes que llevaban aguas cálidas desde el ecuador hasta los polos. Sin ese calor, las regiones polares se helaron. El hielo que surgió reflejaba la mayor parte de los rayos solares y en un catastrófico efecto las temperaturas cayeron aún más, de manera que el hielo avanzó hasta cubrir la Tierra.

Las temperaturas de la superficie bajaron hasta 40 grados bajo cero. Los mares estaban cubiertos por una capa de hielo de un kilómetro y medio de espesor. Las únicas criaturas vivas de la Tierra, bacterias y algas marinas, quedaron atrapadas debajo, en la oscuridad. El resultado fue desastroso ya que prácticamente todos los organismos vivos se extinguieron. El planeta entero se moría.

Hace 650 millones de años.

La Tierra tenía 3.850 millones de años. Los cambios climáticos creados por Rodinia habían dejado cubierta la superficie terrestre por una capa de hielo de un kilómetro y medio de espesor. La temperatura se mantenía en 40 grados bajo cero. Los organismos marinos, la única vida en el planeta, casi habían desaparecido. El futuro de la vida en la Tierra era incierto. Pero bajo el hielo, este enorme continente tenía una gran actividad; inmensas erupciones volcánicas se estaban produciendo en Rodinia. El calor que se generaba en la base del supercontiente se acumulaba bajo el manto de hielo. Ese calor sería el origen de su destrucción y provocaría el fin de la glaciación global. Rodinia se desquebrajó en fragmentos gigantescos, el dióxido de carbono expulsado por las erupciones creó un efecto invernadero temporal y las capas de hielo retrocedieron. El dominio del hielo sobre la vida llegó a su fin.

Hace 500 millones de años.

La Tierra tenía 4.000 millones de años. Se crearon mares poco profundos y el nivel de oxigeno aumentó hasta uno de los más altos desde la formación de la Tierra. Los organismos primitivos darían su gran paso adelante. La vida se desarrolló hacia una complejidad y diversidad asombrosas. Esta época es el Cámbrico. Las aguas superficiales, ricas en oxígeno, estaban llenas de organismos evolucionados. Y algunas criaturas no solo se alimentaban de plantas, sino también de otros animales. El Cámbrico es uno de los periodos más especiales de la historia de la vida en la Tierra ya que existían más tipos diferentes de animales que en el resto de etapas. Desde entonces, en una competición biológica que guiaba su evolución, las especies serían cada vez más avanzadas; se formarían caparazones, esqueletos, ojos, dientes, etc. Los animales modernos habían llegado a la Tierra.

El elevado nivel de oxigeno que había desencadenado esta explosión de vida también modificó la atmósfera. En los siguientes 100 millones de años, el oxígeno alcanzó los niveles actuales. Un nivel bastante denso como para poder crearse una capa de ozono en la parte superior de la atmósfera. Esta capa permitiría abandonar los océanos a ciertas formas de vida y conquistar tierra firme. Sin ella, la potente luz ultravioleta habría destruido cualquier organismo que no estuviese protegido por el agua. Ahora, la capa de ozono actuaba como un escudo ultravioleta.

Hace 300 millones de años.

La Tierra tenía 4.200 millones de años. El planeta se había convertido en un mundo de pantanos tropicales. Es el primer periodo de la historia en el que grandes plantas ocuparon la superficie de la Tierra. Medían hasta 20 metros de alto y formaban densos bosques, una inmensa espesura con una atmósfera húmeda propia de las selvas tropicales como nunca se había visto antes. A este periodo se le denomina Carbonífero. Los densos pantanos tropicales dominarían la Tierra durante los próximos 60 millones de años. El carbón que actualmente se utiliza como combustible fósil es una consecuencia de todo ello. Está formado por materia vegetal acumulada durante millones de años debido a que el agua dulce de los pantanos impedía que la vegetación se descompusiera, lo que hacía que se almacenase una gran cantidad de restos. Además, según las plantas muertas se transformaban en carbón en tierra firme, las aguas poco profundas que rodeaban los continentes acumulaban millones de generaciones de organismos marinos muertos, que se convertirían en otros dos combustibles fósiles, el petróleo y el gas. Este fértil periodo de la historia de la Tierra nos ha proporcionado la mayor parte de la energía que utilizamos en la actualidad.

Las plantas no eran los únicos seres que contribuían a crear una nueva vida en la Tierra hace 300 millones de años. Con el paso del tiempo, primero insectos enormes, después anfibios y por último reptiles, abandonaron los mares para dar sus primeros pasos en las orillas enfangadas. Por primera vez la superficie albergaba una biosfera totalmente renovada. Pero las nuevas formas de vida en la superficie estaban a punto de sufrir su prueba más dura. Unas gigantescas erupciones volcánicas darían inicio a una de las mayores extinciones en masa de toda la historia del planeta.

Hace 250 millones de años.

La Tierra tenía 4.250 millones de años. Durante cientos de millones de años, la vida en la superficie había afrontado numerosos retos para sobrevivir, pero nada parecido a lo que estaba a punto de ocurrir. En zona de la actual Siberia, la corteza de la Tierra se convirtió en una marisma volcánica causada por una erupción poco habitual del manto. No se sabe con seguridad por qué sucedió, pero enormes masas de manto caliente se elevaron desde el interior, fundiendo y aplastando la corteza. Estas erupciones continuaron durante más de un millón de años. Arrojaron más de 4 millones de kilómetros cúbicos de roca fundida. El planeta entero se cubrió de nubes de gas tóxico. La mayoría de las especies no pudieron soportarlo y más del 95 por ciento se extinguieron. Fue el mayor cataclismo que el planeta haya vivido. El planeta que surgió de ese caos se había transformado, dominado por un nuevo supercontinente llamado Pangea. El clima seguiría cambiando, en los siguientes 200 millones de años, el oxígeno y el dióxido de carbono alcanzarían niveles desconocidos. Los animales que habían sobrevivido a la extinción evolucionarían hasta convertirse en los dinosaurios, que aparecieron hace 230 millones de años. El gran tamaño de estos animales se cree que se debía al entorno cálido y rico en oxígeno en el que habitaban, junto a que eran de sangre templada, que les proporcionaba las ventajas de los animales de sangre fría como los lagartos y de los animales de sangre caliente como los mamíferos.

Hace 180 millones de años.

La Tierra tenía 4.320 millones de años. Un nuevo aumento de la actividad volcánica desgarró Pangea. Los fragmentos continentales comenzaron sus largos trayectos hacia la posición que ocupan hoy día. El supercontiente dejó de existir. Había dinosaurios en cada uno de los nuevos continentes. Además, el cálido y húmedo clima volcánico parecía propicio para ellos. Era un calentamiento global descontrolado. Los niveles de dióxido de carbono aumentaron más de un 500 por ciento y las temperaturas se dispararon. Esto provocó un efecto invernadero que permitió la expansión de enormes bosques tropicales por varios continentes. El aumento de tamaño de las zonas tropicales y de la vegetación exuberante significaba mucho más alimento para los dinosaurios, que evolucionaron y se especializaron para alimentarse de plantas diferentes. Los dinosaurios gigantescos podrían haber sido una respuesta biológica a un planeta con una gran actividad volcánica. Pero su tamaño no les salvaría de lo que estaba por llegar. Su tiempo en la Tierra acabaría con una repentina devastación.

Hace 100 millones de años.

La Tierra tenía 4.400 millones de años. Los dinosaurios dominaban el planeta. Enormes criaturas ocupaban la tierra, el mar y el aire. Habitaban un mundo sofocante caracterizado por una intensa actividad volcánica. Y antes de cesar, esta actividad sacaría a la superficie una de las mayores riquezas de la Tierra, los diamantes, mediante erupciones de profundos volcanes que se extendían hasta casi 160 kilómetros por debajo de la superficie terrestre, tres veces más de lo habitual. Sólo la temperatura y la presión alcanzadas a esta profundidad podían dar lugar a la formación de diamantes y éstos sólo conseguían salir al exterior por gran intensidad de las erupciones, haciendo que el magma que contenía los diamantes que hoy conocemos salieran al exterior a más de 400 kilómetros por hora.

Hace 65 millones de años.

La Tierra tenía 4.435 millones de años. El planeta se desarrollaba, la vegetación era densa en la superficie y los seres vivos prosperaban como nunca lo habían hecho. Pero el 75 por ciento de las especies vegetales y animales, incluyendo los poderosos dinosaurios, estaban a punto de desaparecer de la faz de la Tierra. El motivo de esta extinción masiva se debió a que el planeta fue alcanzado por un enorme meteorito, de más de 9,5 kilómetros de diámetro. La colisión se produjo en la zona del actual Méjico, en donde queda la marca de un cráter submarino de casi 180 kilómetros de diámetro frente a las costas del noroeste de la Península de Yucatán. Su impacto en el planeta fue devastador. Varios miles de kilómetros cúbicos de corteza terrestre se evaporaron y fueron lanzados por todo el planeta, cayendo de vuelta a través de la atmósfera para posarse por toda la superficie de la Tierra, formando una capa fina de polvo y restos.

Junto a la acción del meteorito, hubo otra fuerza destructiva que también estaba teniendo lugar en este tiempo, eran unas intensas erupciones volcánicas masivas. Estos dos golpes demoledores causaron grandes nubes de polvo tóxico que cubrieron la capa alta de la atmósfera y bloqueó la entrada de la luz del Sol, devastando la vida de la superficie terrestre. El nuevo mundo que vendría sería el de los mamíferos y el del ser humano.

Hace 50 millones de años.

La Tierra tenía 4.450 millones de años. La vida se recuperaba poco a poco de la extinción masiva que se había producido. Comenzaron a prosperar los primeros mamíferos. Los continentes seguían moviéndose de forma lenta y constante; y chocando entre sí. La superficie comenzaba a parecerse a la actual. La tectónica de placas, causante las cadenas montañosas, y la erosión creaban la mayoría de los paisajes que hoy podemos contemplar.

Hace 2 millones de años.

La Tierra tenía 4.498 años. Los primeros homínidos, los antepasados del ser humano, habían aparecido e iniciaban su expansión desde el este de África. Al mismo tiempo, el planeta empezaba a enfriarse. Enormes glaciares comenzaban a descender desde el Polo Norte y la mayor parte de la Tierra no tardaría en estar cubierta de ellos.

Las grandes heladas se desencadenaron cuando los volcanes de la zona del actual Panamá se desbordaron, creando la lengua de tierra que une el norte y el sur de América, variando radicalmente las corrientes oceánicas del planeta. Los mares polares se enfriaron notablemente. Esto provocó un fuerte descenso de las temperaturas por toda la Tierra, que señaló el comienzo de unas glaciaciones que durarían decenas de miles de años.

Hace 10.000 años.

La Tierra tenía casi 4.500 millones de años. Hasta hace 10.000 años, que se retiraron los últimos glaciares, las inmensas capas de hielo que cubrían la Tierra fueron creciendo y menguando debido a las variaciones del clima. Se crearon entornos que todavía hoy son visibles.

El clima templado que siguió a la última glaciación permitió a los primeros seres humanos moverse libremente por la superficie, prosperando a partir de entonces y hasta ahora. En este pequeñísimo periodo de la existencia de la Tierra se ha desarrollado casi toda la historia de la civilización humana, transformando el planeta, seguramente mucho más de lo admisible y poniendo en riesgo su futuro. Algo que se conoce, pero a lo que lamentablemente no se pone el suficiente empeño para corregirlo. Mientras tanto, el planeta continúa con su proceso de transformaciones, muchas de ellas alteradas por la presencia humana.

El futuro.

Actualmente vivimos en un periodo entre dos glaciaciones. En estos 10.000 últimos años el clima ha sido inusualmente estable y desde luego no será así siempre. Sin tener en cuenta las modificaciones ocasionadas por los seres humanos, que seguramente influirá negativamente, la posición actual de los continentes que mantienen fríos los océanos polares, podría desencadenar una nueva glaciación en 15.000 años. También habría que tener en cuenta posibles cambios de la órbita del planeta alrededor del Sol o modificaciones en la inclinación del eje de la Tierra. Hoy día el Atlántico se ensancha 2’5 centímetros cada año. a media que las placas se separan, formando una corteza nueva. Conforme la tectónica de placas mueva los continentes y ponga fin a las glaciaciones, las regiones costeras se inundarán y desaparecerán grandes superficies de terreno engullidas por los mares.

Dentro de 100 millones de años la actividad tectónica del este de América del Norte provocará que el Atlántico se reduzca y los continentes converjan. Dentro de 250 millones de años solo quedará un vestigio del Atlántico, pues las masas continentales se habrán unido en un nuevo supercontinente, Pangea Última. Nuevas cordilleras de gran altitud marcarán las zonas de colisión masiva. América y África estarán juntas y esto empujará a Europa hacia el norte, de tal manera que la parte más septentrional no sólo del viejo continente, sino de todo el mundo, será la Península Ibérica. Además, la Antártida se unirá también a Sudamérica y África. Australia dejará de ser una isla para ser parte de Asia.

La Tierra vivirá de nuevo un caos letal. Los niveles de oxígeno y las temperaturas de la superficie podrían fluctuar por completo y provocar nuevas extinciones masivas. Todo llegará a su fin cuando se detenga el motor de la tectónica de placas. El sistema en algún momento, quizás algunos pocos miles de millones de años, se agotará. Los fuegos del interior de la Tierra que han dominado la actividad en la superficie, algún día agotarán su combustible. La historia del planeta habrá terminado. Sin el calor de su corazón, ocurrirá en la Tierra los que muchos creen que ya sucedió en Marte: la atmósfera y los océanos desaparecerán, y la superficie se convertirá en un desierto inhóspito. La Tierra habrá muerto y con ella las formas de vida que haya entonces.

Al final, cuando el Sol se extinga dentro de unos 5.000 millones de años, se convertirá en un agujero negro que atrapará todo lo que hay a su alrededor, también a la Tierra. Entonces nuestro planeta se habrá convertido en un recuerdo del pasado.


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