Visigodos

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Periodo


Años 507 – 711


Descripción


El antiguamente poderoso Imperio Romano se encuentra a principios del siglo V en plena decadencia. Sus territorios están siendo atacados y conquistados por los diversos pueblos bárbaros de Europa. Hispania no es ajena a esta situación y es igualmente arrebatada a los romanos. A partir del año 409 los alanos, vándalos y suevos atraviesan los Pirineos y toman las ciudades que encuentran a su paso. Desde el año 415 hacen acto de presencia los visigodos, antiguos aliados de los romanos. Tienen la fortaleza suficiente para expulsar al resto y llegar a dominar la Península Ibérica.

Los visigodos provienen del sur de la Galia y se establecen de forma definitiva en Hispania tras ser vencidos en el año 507 por los francos en la batalla de Vouillé. Esta derrota de los visigodos tiene como consecuencia su traslado a Hispania, donde consolidan su poder, fijan la capital en Toledo y acuñan moneda desde el rey Leovigildo.

Al principio el reino visigodo de Toledo continúa en cierta manera con las estructuras e instituciones del Imperio Romano. En el III Concilio de Toledo del año 589 el rey Recadero se convierte al catolicismo y abandona el arrianismo, ejemplo que sigue su pueblo, numéricamente muy inferior al hispanorromano. Poco a poco se va produciendo una gran transformación social, política, cultural y, sobre todo, religiosa. La iglesia desempeña un activo papel de gobierno en colaboración con la monarquía visigoda. Han subsistido escasos templos, aunque abundan restos arquitectónicos y piezas que testimonian el desarrollo de una liturgia propia, la llamada liturgia hispana o rito mozárabe, que pervive hasta el siglo XI.

En el año 710, después de la muerte del rey Witiza, la nobleza visigoda tiene diferencias internas respecto a quien ha de ser el nuevo y legítimo poseedor del trono. Debido a esta falta de entendimiento el gobierno se rompe en dos poderosas facciones: una se decanta porque la corona recaiga en el hijo del anterior rey, por lo que Agila II sería el candidato; la otra exige que se debe seguir respetando la tradición visigoda de escoger al nuevo soberano mediante votación, en este caso Rodrigo sería el elegido. Son dos posturas irreconciliables y estalla una guerra civil entre los partidarios de Agila II y Rodrigo.

Durante la confrontación por la sucesión al trono ninguno de los dos bandos cede en sus propósitos, aunque al poco tiempo la balanza comienza a inclinarse del lado de los partidarios de Rodrigo. La menor fortaleza en los seguidores de Agila II hace que éstos soliciten apoyo a los musulmanes que gobiernan los territorios africanos. La petición se materializa a través del gobernador visigodo de Ceuta, el bereber Olbán, conocido como el conde don Julián. Éste entrega Ceuta al máximo líder musulmán del norte de África, Musa, alentándole a intervenir a favor de su causa en las disputas dinásticas de los visigodos. Musa decide enviar como ayuda a uno de sus más afamados generales que tiene a su servicio, Tariq, un bereber que ya había demostrado sus grandes dotes para la guerra.

El 28 de abril del año 711, con una tropa formada por unos siete mil hombres, los musulmanes embarcan en naves proporcionadas por el conde don Julián y cruzan el Estrecho de Gibraltar en condición de aliados de los que apoyan a Agila II. Primero se fortifican en Gibraltar para en pocos días emprender la marcha hacia el norte. Comprueban la sencillez con la que realizan las incursiones y derrotan a sus enemigos. Esto hace que en un breve periodo de tiempo campen a sus anchas por el territorio peninsular.

Los musulmanes no desaprovechan esta oportunidad que se les presenta y tratan de conquistar la Península Ibérica sin alianzas, utilizando algunos miles de guerreros más. Poco a poco los visigodos se repliegan y sus poblaciones son tomadas por el ejército invasor. Durante mucho tiempo había sido tal la tiranía de los dirigentes visigodos sobre los habitantes hispanos que éstos generalmente aceptan a los musulmanes como unos verdaderos libertadores. La ocupación del territorio peninsular la consiguen con gran rapidez, en unos ocho años, con la excepción de la franja norte que será el lugar de origen de la lenta Reconquista que se inicia a partir de entonces.


 


 

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