Por qué la Navidad se celebra el 25 de diciembre

Por qué la Navidad se celebra el 25 de diciembre

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Descripción


En la Navidad se celebra el día de nacimiento de Jesucristo, pero realmente no se sabe la fecha exacta ni si el lugar fue Belén. Tampoco se conoce lo que hizo hasta los 30 años que es cuando aparece en público. A esa edad es una persona culta que se muestra capaz de discutir con los doctores de la ley, conoce los textos sagrados del judaísmo, varias culturas como la griega o la de los gnósticos y otras religiones como el budismo. Quizás estuvo casado con María Magdalena, una de sus discípulos más cercanos y primer testigo de su resurrección después de la crucifixión ordenada por Poncio Pilatos.

La Navidad se basa en una leyenda por la cual el Mesías debería ser de la estirpe del rey David. En ella se indica que Jesús y su familia eran de Nazaret, todos judíos. Cuenta que nació en Belén, en invierno, en un pesebre entre animales que le ofrecían calor, adorado por tres reyes de Oriente que le llevaron de regalo oro, incienso y mirra. Su familia huye a Egipto porque el rey Herodes quería matar al niño. Como no consiguió encontrarlo, habría mandado matar a todos los niños menores de dos años.

La fecha del 25 de diciembre fue escogida por la Iglesia más tarde porque los cristianos querían celebrar la festividad de su nacimiento. Se decidió que fuera esa porque era la gran fiesta de los romanos, la fiesta al dios Sol. La Iglesia bautizó como cristiana a la gran festividad pagana del calendario romano, las Saturnales, que se celebraban entre el 17 y el 24 de diciembre. Las Saturnales, a su vez, coincidían con el solsticio de invierno, el momento del año en que los días son más cortos en el hemisferio norte y que todas las culturas conmemoran de una forma u otra. Se basaba en celebraciones previas similares durante las mismas fechas y fue convertida en oficial por el emperador Aureliano en el año 274.

En esos festejos los romanos encendían luces, se intercambiaban regalos e invertían los papeles sociales: los amos servían a los esclavos y los esclavos a los amos. Eran días de banquetes y disfraces durante los que las celebraciones se apoderaban de las ciudades. Estas fiestas estaban dedicadas a Saturno, dios de la agricultura. Tenían un enorme arraigo popular, como todas las celebraciones relacionadas con la luz que tenían lugar al principio del invierno en las culturas de la antigüedad. El solsticio de invierno se produce en torno al 21 de diciembre y siempre ha tenido un enorme poder simbólico. Las Saturnales culminaban el 25 de diciembre con la celebración del Sol Invictus, el astro invencible, cuando los días, de nuevo, comenzaban a alargarse y la luz vencía a la oscuridad.

Antes del siglo IV no hay ninguna referencia a la fiesta de Navidad. Su origen se remonta al año 350 y fue fijada por el Papa Julio I. Los cristianos tomaron todos los elementos de las Saturnales para preservar y santificar esa celebración popular. El objetivo del Pontífice era que la festividad de la nueva religión coincidiese con las Saturnales. Dado que los cristianos participaban también en esas celebraciones, los padres de la Iglesia quisieron utilizar el mismo día y decretar el 25 como la fecha de la Natividad. Otro objetivo también era facilitar la evangelización del pueblo romano. La transición de las Saturnales a la Navidad se prolongó durante varios siglos. Durante ese periodo se fueron mezclando estas dos festividades, de manera que la celebración cristiana de la Navidad era progresivamente cada vez más importante al mismo tiempo que la festividad romana del Sol Invictus se iba olvidando poco a poco. Fue el concilio de Tours en 567 el que decretó el periodo festivo entre el 25 de diciembre y el 6 de enero.

El solsticio de invierno tiene lugar cada año entre los días 20 y 23 de diciembre en el hemisferio norte. A partir de estas fechas las horas diarias de luz solar pasan de disminuir a aumentar. Este cambio tenía diversos significados y se ha celebrado en la mayoría de las culturas a lo largo de la historia. Celebran de alguna forma los solsticios, el día más corto y más largo del año, y los equinoccios, el día y la noche con la misma duración. El aparente poder sobrenatural que se manifiesta en los solsticios y los equinoccios para gobernar las estaciones se conmemora desde que tenemos memoria, provocando diferentes reacciones en las distintas culturas: ritos de la fertilidad, ofrendas a los dioses o actividades relacionadas con el fuego.


 


 

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