Celtas

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Periodo


Siglos X a.C. – I a.C.


Descripción


Los celtas son pueblos indoeuropeos que llegan a ocupar casi todo el continente hasta las islas británicas además de algunas zonas del interior del actual Turquía. Sobre su origen hay dos teorías diferentes: que ya están en tierras europeas desde el Neolítico o que provienen a partir de la evolución de antiguos pueblos de las estepas rusas de finales del III milenio a.C.

Su presencia en la Península Ibérica comienza en el siglo X a.C. y está delimitada a la mitad septentrional. Inicialmente permanecen en el noreste peninsular creándose la cultura de los campos de urnas. A lo largo del siglo VII a.C. se expanden hasta el noroeste peninsular, especialmente por las montañas galaicas, astures y leonesas, y los valles del Ebro y el Duero. No existen como un único grupo cohesionado aunque todos ellos tienen características comunes en la organización sociopolítica, los rasgos culturales, las creencias religiosas y el lenguaje. El territorio se reparte por etnias y crean pequeños estados reunidos en confederaciones. Algunos de ellos se reúnen en asamblea popular, disponen de un consejo de ancianos ilustres y de magistrados electos.

Conforman distintos grupos a lo largo del territorio que ocupan. Están los vaceos en el norte de la Meseta; los lusitanos y los vetones en el occidente de la Meseta; y los galaicos, astures y cántabros en el noroeste peninsular. Algunos se mezclan con nativos de pueblos locales dando lugar a los celtíberos. Hay una marcada jerarquización de la población, dividiéndose tres clases sociales: nobles, libres y esclavos. Estos últimos posiblemente en pequeña proporción y la mayor parte de ellos se trata de rehenes capturados en los enfrentamientos militares.

La economía está basada en la ganadería, agricultura, metalurgia y artesanía. Destaca la producción cerealista y el ganado ovino de los vaceos, así como el ganado vacuno y porcino de los lusitanos y vetones. Muchas actividades tienen un importante desarrollo gracias a la tecnología metalúrgica. Se trabaja sobre todo con el hierro. Fabrican todo tipo de objetos de uso cotidiano: armas, adornos como collares y brazaletes, útiles para los artesanos, aperos de labranza, ruedas para los carros, bocados y herraduras para los caballos, etc. Las zonas próximas a los recursos mineros consiguen una gran prosperidad. Otras dos reseñables labores artesanales son la alfarería y la textil.

Viven en poblados fortificados que se sitúan en lugares fácilmente defendibles, no necesariamente elevados pero que permiten el control del territorio circundante. En el noroeste peninsular se les denomina castros y sólo en la actual Galicia hay catalogados unos 2.000. Suelen localizarse junto a importantes vías de comunicación o cerca de yacimientos de materias primas, como minas de hierro, oro o sal. Además de las sólidas murallas de piedra que los rodean, en las zonas más accesibles muchas veces existen fosos e hileras de grandes piedras hincadas en el suelo para dificultar cualquier intento de ataque externo.

Los asentatimentos son habitualmente muy sencillos, sin una clara organización urbanística y con aproximadamente un centenar de habitantes como termino medio. Todas las casas son similares, por lo general de planta rectangular en la Meseta y de planta circular en el norte y noroeste. Se distribuyen adaptándose al terreno sin un aparente orden dentro del recinto defensivo. No se ha encontrado hasta el momento ninguna construcción que por su tamaño o su lujo pudiera ser considerada un palacio. Tampoco hay avenidas ni edificios públicos como templos o lugares de espectáculo, sólo algunos espacios abiertos que seguramente servirían como lugar de reunión.

La religión forma una parte fundamental de la vida diaria. Los druidas representan a la clase sacerdotal. Cuentan con la ayuda y protección de diversas divinidades. Celebran ritos y danzas que acompañan a la caza, la recolección y la guerra. Realizan sacrificios antes y después de la batalla, de animales e incluso humanos. Y reservan a los dioses parte del botín tomado al enemigo.

Rinden culto a los antepasados y veneran elementos de la naturaleza como el sol, la luna, los ríos, los montes, los bosques, las piedras, los relámpagos, etc. También adoran a algunos animales como las serpientes. Se conocen nombres de algunos dioses como «Lug», dios solar, omnipotente, las «Matres», triada femenina protectora de la fecundidad, «Epona», que protege a difuntos y animales, «Ataecina», diosa infernal y de la agricultura, o «Endovélico», dios de la salud. Disponen de lugares litúrgicos y santuarios, siempre en enclaves preeminentes. Pueden ser urbanos, al aire libre o en cuevas. También existen saunas rituales y altares de piedra. Utilizan diversos adornos personales y amuletos propiciatorios.

En el ceremonial de la muerte se practica la incineración. Las cenizas y el ajuar del difunto se entierran directamente o dentro de una urna, habitualmente en cementerios. Son ritos que a veces se acompañan con banquetes funerarios. Los restos se cubren con túmulos, individuales o colectivos. O se rodean de lajas y se señalizan con estelas. La situación de las sepulturas y el contenido de los ajuares manifiestan la estratificación social. La inhumación es frecuente para los recién nacidos, con el enterramiento bajo las casas. Una tercera forma de paso al más allá se consideraba más honroso: la exposición a aves de rapiña de los guerreros caídos en combate

El fin de la existencia de los celtas se debe a la conquista de la Península Ibérica por los romanos. En su propósito han de dedicar gran cantidad de años debido a las enormes complicaciones con las que se topan para derrotar a los celtas. Éstos oponen una considerable resistencia y además, al carecer de unidad política, las legiones romanas se ven obligadas a enfrentarse a multitud de grupos en una larga y complicada guerra de guerrillas. También parece que los romanos no emplean la constancia utilizada en otros lugares ya que encuentran estos territorios menos atractivos para sus intereses estratégicos de explotación que los del occidente y el sur peninsular. La victoria romana definitiva es en el siglo I a.C., lo que supone el final de la sociedad celta, tanto en la Península Ibérica como en el resto de Europa.


 


 

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